ACUMULACION DE RIQUESA Y FICCION EN EL BANQUETE
(Lima, Perú - el banquete )
la historia comienza con afán por la perfección de Don Fernando se embarca en un proyecto monumental para asegurarse de que la mansión esté impecable. Esto puede reflejar una tendencia humana de querer alcanzar estándares altos, a veces exagerados, especialmente cuando se trata de impresionar a los demás. Llega el efecto dominó de las mejoras la decisión inicial de renovar la residencia que lleva a una cadena de cambios y mejoras adicionales. Esta analogía se compara con la experiencia de comprar zapatos nuevos y la subsecuente necesidad de comprar ropa nueva para que todo combine, destacando cómo una decisión pueda desencadenar una serie de otras. Lo cual conlleva el esfuerzo por aparentar las reformas y la construcción del jardín rococó pueden ser vistas como un esfuerzo por mostrar una imagen de riqueza y sofisticación. Esto podría llevar a reflexionar sobre cómo las personas a menudo gastan tiempo y recursos en crear una fachada para ganar aprobación social. Al llegar una transformación de lo antiguo en nuevo la renovación de una casa antigua puede simbolizar la transformación y la modernización, reflejando un deseo de dejar atrás el pasado y abrazar lo nuevo, ya sea en términos físicos o simbólicos. Como un costo del lujo todo este esfuerzo y gasto no se hace sin una considerable acción , tanto en términos monetarios como de tiempo y esfuerzo. Esto puede llevar a reflexionar sobre si tales inversiones en lujo y apariencia realmente valen la pena al final del día.
- dos meses de anticipación, don Fernando Pasamano había preparado los pormenores de este magno suceso. En primer término, su residencia hubo de sufrir una transformación general. Como se trataba de un caserón antiguo, fue necesario echar abajo algunos muros, agrandar las ventanas, cambiar la madera de los pisos y pintar de nuevo todas las paredes. Esta reforma trajo consigo otras y —como esas personas que cuando se compran un par de zapatos juzgan que es necesario estrenarlos con calcetines nuevos y luego con una camisa nueva y luego con un terno nuevo y así sucesivamente hasta llegar al calzoncillo nuevo— don Fernando se vio obligado a renovar todo el mobiliario, desde las consolas del salón hasta el último banco de la repostería. Luego vinieron las alfombras, las lámparas, las cortinas y los cuadros para cubrir esas paredes que desde que estaban limpias parecían más grandes. Finalmente, como dentro del programa estaba previsto un concierto en el jardín, fue necesario construir un jardín. En quince días, una cuadrilla de jardineros japoneses edificaron, en lo que antes era una especie de huerta salvaje, un maravilloso jardín rococó donde había cipreses tallados, caminitos sin salida, laguna de peces rojos, una gruta para las divinidades y un puente rústico de madera, que cruzaba sobre un torrente imaginario.
- ( Ribeyro, 1958, 1er párrafo).
- Este fragmento presenta una descripción detallada y vívida de los preparativos exhaustivos y meticulosos , utiliza un tono irónico y humorístico para resaltar la exageración y el afán de perfección del personaje, quien no solo reforma su residencia antigua, sino que también se ve atrapado en una espiral de renovaciones adicionales. La comparación con alguien que, al comprar zapatos nuevos, siente la necesidad de renovar todo su guardarropa, subraya el carácter obsesivo y quizás un poco ridículo de don Fernando. La transformación del jardín en quince días por una cuadrilla de jardineros japoneses añade un toque de exotismo y grandiosidad, acentuando aún más la magnitud de los preparativos. El fragmento critica suavemente la superficialidad y el exceso, mostrando cómo el deseo de impresionar puede llevar a esfuerzos desproporcionados y a veces absurda.
- Refleja una situación de tensión social y política, ya que Don Fernando esta sumamente preocupado por transmitir un mensaje importante al presidente acerca del banquete. La descripción del banquete sugiere una atmósfera caótica y desorganizada, donde las normas protocolarias se ignoran y los comensales se dispersan en grupos somnolientos tras la comida. Don Fernando, como anfitrión, está atrapado en una danza social, intentando mantener la energía del evento y cumplir con sus deberes. Su esfuerzo por mantener el decoro y reanimar a los invitados con bebidas, cigarros y conversación refleja su desesperación y el peso de la responsabilidad que siente. Finalmente, don Fernando encuentra una oportunidad para hablar en privado con el presidente, lo cual sucede solo después de que el ministro de gobierno se retira ebrio. La elección del lugar, una salita de música con un canapé al estilo de la corte de Versalles, añade un toque de elegancia y formalidad al momento crucial. Esto subraya la importancia y la delicadeza de la demanda que don Fernando va a presentar.
Don Fernando, mientras tanto, veía con inquietud que el banquete, pleno de salud ya, seguía sus propias leyes, sin que él hubiera tenido ocasión de hacerle al presidente sus confidencias. A pesar de haberse sentado, contra las reglas del protocolo, a la izquierda del agasajado, no encontraba el instante propicio para hacer un aparte. Para colmo, terminado el servicio, los comensales se levantaron para formar grupos amodorrados y digestónicos y él, en su papel de anfitrión, se vio obligado a correr de grupos en grupo para reanimarlos con copas de mentas, palmaditas, puros y paradojas.
Al fin, cerca de medianoche, cuando ya el ministro de gobierno, ebrio, se había visto forzado a una aparatosa retirada, don Fernando logró conducir al presidente a la salita de música y allí, sentados en uno de esos canapés, que en la corte de Versalles servían para declararse a una princesa o para desbaratar una coalición, le deslizó al oído su modesta demanda.
- ( Ribeyro, 1958, 2do párrafo).
Solamente a las tres de la mañana quedaron solos don Fernando y su mujer. Cambiando impresiones, haciendo auspiciosos proyectos, permanecieron hasta el alba entre los despojos de su inmenso festín. Por último se fueron a dormir con el convencimiento de que nunca caballero limeño había tirado con más gloria su casa por la ventana ni arriesgado su fortuna con tanta sagacidad.
A las doce del día, don Fernando fue despertado por los gritos de su mujer. Al abrir los ojos, la vio penetrar en el dormitorio con un periódico abierto entre las manos. Arrebatándoselo, leyó los titulares y, sin proferir una exclamación, se desvaneció sobre la cama. En la madrugada, aprovechándose de la recepción, un ministro había dado un golpe de Estado y el presidente había sido obligado a dimitir.
- ( Ribeyro, 1958, ultimo párrafo).
Excelente trabajo me gusto tiene muy buena expecificacion y para poder entender 💪
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